
La palabra “globalización” está profundamente introducida en nuestra vida cotidiana. Estamos tan acostumbrados a oírla que ni siquiera nos damos cuenta de que, en la mayoría de los diccionarios y/o enciclopedias, el vocablo “globalización” brilla por su ausencia, incluso en aquellos diccionarios en los que se incorporan términos relativamente recientes, como “hardware” o “software”, entre otros.
Ello ocurre porque el uso de esta palabra es mucho más reciente que en los casos anteriores: recién se popularizó en la década de los '90, y ni siquiera lo hizo en los comienzos de ésta, sino cuando ya estaba más avanzada.
El concepto de globalización es un concepto Anglosajón, creado por el escoses Mac Luhan que decía que el mundo es una aldea Global que esta conectada y depende de algo
Así pues, la globalización es una generalización, un intento de hacer un mundo que no esté fraccionado, sino generalizado, en el que la mayor parte de las cosas sean iguales o signifiquen lo mismo, en Brasil como en la China, en los Emiratos Árabes como en Japón, en los Estados Unidos como en Burkina Faso, en Bostwana como en Australia, en Alemania como en Vietnam, y un largo etcétera. Un mundo, en definitiva, sin fronteras, sino geográficas, sí socio-culturales, económicas y políticas.
Porque esos son los tres aspectos más importantes de la globalización, que en definitiva, es mucho más que una simple generalización, o lo que la mayor parte de la gente cree que es. La globalización, como veremos más adelante, es algo mucho más compleja y oscura que lo que parece a simple vista.
Los Medios Masivos de Comunicación son los cimientos de la globalización. Sin ellos, ésta no sería posible. Tanto porque permiten difundir ideas a cientos o miles de millones de personas como por la naturaleza de esas ideas:
Los Medios Masivos de Comunicación nos convencen de todas las “ventajas” de la globalización, y nos muestran que “carece” de desventajas (o que éstas son mínimas), por lo cual es lo mejor que nos puede haber pasado.
Claro está, esta información (si se la puede llamar así), tan repetida, desde la niñez hasta la vejez, convence al hombre de todo esto, particularmente a menor edad, donde el ser humano es más influenciable. No es casual, pues, que los mayores convencidos de las ventajas de la globalización sean los jóvenes, y sus mayores detractores, los ancianos.

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